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Besos Posibles

Publicado: 2011-11-17

De lo innecesario del photoshop a la hora de hablar de alianzas políticas

La última campaña de Benetton sugiere que hay alianzas imposibles entre algunos de los principales líderes del mundo. Parte de una idea común entre muchos electores: hay políticos que solo pueden estar juntos a través del photoshop.

La realidad nos dice lo contrario. Las relaciones comerciales entre países antagónicos son públicas y sostenidas. Por ejemplo, entre los mismos protagonistas de la campaña publicitaria de esta marca de ropa. Los políticos, como las galaxias, tienden a acercarse hasta confundirse. Se abrazan con frecuencia, se besan con efusividad y se estrechan la mano de forma indiscriminada. Si de algo ha servido históricamente el photoshop y demás artimañas de edición ha sido para separarlos.

La historia también lo constata. En el fabuloso libro El pacto con el diablo el periodista alemán Sebastian Haffner explica de forma detallada los acercamientos entre Alemania y Rusia, desde 1917 hasta 1941. Una serie de alianzas aparentemente contranatura. Sobre todo para quienes creen que existen identidades naturales.

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Este comportamiento se inscribe dentro de lo que Max Weber llamó la ética de la responsabilidad. Ésta se basa en negociar y pensar en el largo plazo. Implica distinguir entre los medios y los fines, sabiendo que los primeros pueden cambiar siempre y cuando los segundos se mantengan incólumes. El político, entonces, es quien analiza escenarios particulares a través de la "racionalidad instrumental". Es quien sabe, siguiendo a Maquiavelo, que a veces "hacer el mal" nos lleva a lo correcto (y a veces "hacer el bien" nos lleva al suicidio). Para él no hay alianzas prohibidas porque "la política es el arte de lo imposible". El riesgo en ese escenario es perderse en el camino hacia la meta. O no tenerla y ser simplemente un tránsfuga.

Por supuesto, este accionar se opone a la ética de la convicción. Weber incluye aquí a quienes deciden a través de argumentos morales. A los principistas e idealistas. A quienes, finalmente, no buscan el consenso ni la negociación. El peligro aquí es el de la militancia dogmática. El del autoritarismo, la intransigencia y la búsqueda de cierta "pureza".

El aprendizaje político consiste en pasar de una ética a la otra. Un curso acelerado que muchos tuvimos que llevar entre la primera y la segunda vuelta de las últimas elecciones presidenciales.

Alguien que claramente ha dado ese salto cualitativo ha sido Mario Vargas Llosa. Durante la campaña electoral de 1990 rechazó reunirse con Alan García (el intermediario habría sido Pipo Thorndike, según lo cuenta el último libro de Alfredo Barnechea). Años después, aceptó entrevistarse con él durante 40 minutos, dejando de lado sus arcadas morales. Pero lo hizo sin perder de vista los límites de su apoyo. Es decir, sin sacrificar los fines por los medios.

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Para entender su proceso de maduración vale la pena regresar a El pez en el agua. Por ejemplo, al epígrafe, precisamente de Weber:

También los cristianos primitivos sabían muy exactamente que el mundo está regido por los demonios y que quien se mete en política, es decir, quien accede a utilizar como medios el poder y la violencia, ha sellado un pacto con el diablo, de tal modo que ya no es cierto que en su actividad lo bueno sólo produzca el bien y lo malo el mal, sino que frecuentemente sucede lo contrario. Quien no ve esto es un niño, políticamente hablando.

Parafraseando al poeta, es difícil madurar políticamente. Pero se aprende.

Carlos Cabanillas


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